Nov 2, 2011 - Uncategorized    2 Comments

Don Pepe

 

El cuento que hoy quiero contarles, empieza como todos los cuentos…

Erase una vez un pueblo, como cualquier otro pueblo… En él vivían un puñado de personas, cuyos días transcurrían “pacíficamente” entre la jornada laboral y la jornada en el bar… Todos hablaban de todo y… de todos, lo que complicaba a veces la cosa. Vivía también en ese pueblo, don Pepe… bueno uno de los siete Pepes que allí habitaban… entre risa y risa, lo llamaban el llanero solitario, y es verdad andaba siempre un poco solo; y no es algo que él hubiera elegido, no… lo que pasa es que era muy callado, pocas veces intervenía y esto no gustaba… lo hacía sospechoso… y más bien lo dejaban un poco de lado.

Nadie entendía su silencio, pero todos se sentían con derecho a buscar argumentos sobre su forma de ser… bueno, como hacemos casi todos cuando no entendemos algo…

Un día llegó la gran noticia… el Pedro, que ya hacía como veinte años que lo venía intentando, por fin se había echado novia! Era la hija del panadero del pueblo vecino… Pues allí estaban todos armando el curriculum de esta señorita… no era cuestión de dejar que el Pedro se casara con cualquiera… Cada uno hacía su aporte, con lo que sabía… o con lo que se imaginaba; menos don Pepe, nuestro don Pepe…él seguía atento toda la conversación pero no hacía ningún aporte. Todos lo miraban de reojo y se iban poniendo nerviosos, esta actitud suya, de participar sin participar, no le gustaba a nadie. Hasta que Clementina, la señora que limpiaba la iglesia y que tenía fama de arreglar los problemas del pueblo, le dijo: ” Y tú Pepe,¿ no tienes nada que decir?… ¿es que te da igual el Pedro?… ¿Es que no te importamos que casi nunca tienes nada que decirnos?… Y  la verdad, era la primera vez que alguien le preguntaba… Y él con un nudo en la garganta y asombrado por la recriminación le dijo: ” Pero Clementina, cómo me dices eso… si ustedes son la única familia que tengo… yo los quiero a cada uno como si fuera mi hermano, o como si fuera mi hijo… lo que pasa, es que yo tengo una costumbre… antes de hablar siempre me pregunto…¿ Pepe lo que vas a decir hará más feliz a esa persona?… y como a veces la respuesta es no, prefiero no decir nada…

Moraleja: Habla solamente cuando tus palabras sean mejor que tu silencio.

Las palabras pueden dañar, pueden desatar tormentas, pueden dejar heridas difíciles de cicatrizar. Las palabras también pueden aliviar, pueden curar, pueden elevar, pueden crear un paraíso… Aprovecha tu tiempo, úsalo en tu beneficio y en beneficio de todos… habla para crear puentes, no para levantar muros…

2 Comments

  • Cómo me gustó este cuento!! Y las siguientes palabras también mucho. Estoy de acuerdo totalmente!! Y muchas veces yo lo pensé. Para qué?? hablar de algo que no sabes, opinar de alguien que no conoces, etc. y con tus palabras lastimar. Me emocionó!! Gracias…

  • ¡¡¡QUÉ historia tan bonita para explicar de forma sencilla y gráfica una filosofía de vida que ayudaría a vivir más felices y sanos no sólo a los demás, sino también -y sobre todo- a la persona que la practique!!!!
    De esto estamos muy necesitados en la sociedad actual.
    Dos besos para el/la autor.

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